viernes, 09 de junio de 2006
La división internacional del trabajo a consecuencia del surgimiento de una gran industria se produjo después del descubrimiento de América. Sirve para poner de manifiesto y comprender como se desarrolló el posterior proceso de acumulación en Europa y la extremada especialización productiva que fue posible gracias a la explotación de los recursos naturales y mano de obra en América Latina. Sobre todo se ve en los países industriales (Inglaterra) que contaron con productos en su mayoría de origen agropecuario que les permitió así especializarse en otros campos productivos puesto que explotaban las materias primas y alimentos de América Latina.

Esa división internacional del trabajo implicó una mayor explotación del trabajador a nivel mundial, pero en más aun si cabe en América Latina. Se desvaloriza la fuerza real del trabajo, se explota al trabajador, mayor número de horas, mayor intensidad, menor descanso… Todo ello en beneficio del desarrollo de los países centrales.

El grado de explotación del trabajador según Marini es lo que determina la cuota de la plusvalía. Llegamos ahora a uno de los puntos, bueno mejor dicho de los términos clave para entender la teoría de la dependencia o teoría del imperialismo. Definamos primero el término dependencia para posteriormente poder explicar lo que Marini plasma en su tesis. El término plusvalía fue definido por Marx del siguiente modo: la plusvalía equivale al beneficio que el capitalista obtiene por la apropiación del trabajo excedente no pagado a los asalariados. En una jornada de trabajo, los trabajadores destinan parte de la misma a producir por valor de su consumo de subsistencia, lo que se denomina producción socialmente necesaria. El resto del tiempo se genera un plusvalor que se apropia el capitalista. La diferencia entre el tiempo total de trabajo y el socialmente necesario se denomina plusvalía. Se puede establecer la razón entre la masa de plusvalía y el capital variable utilizado, a la que se denomina tasa de plusvalía. Esta tasa expresa el grado de explotación de los trabajadores, y también puede definirse como el cociente entre el trabajo excedente y el socialmente necesario. El capitalista puede aumentar la tasa de plusvalía incrementando la plusvalía absoluta (sin variar el proceso productivo amplía la jornada o disminuye el salario) o la relativa (introduciendo mejoras tecnológicas). Raúl Prebisch al final de su carrera, después de poner de manifiesto el fracaso del capitalismo, definió plusvalía del siguiente modo: como aquella parte fruto de la creciente productividad que no se transfiere a la gran masa de la fuerza del trabajo. La mala redistribución del excedente refleja la alta disparidad que hay en la estructura social consecuencia del aumento de desarrollo económico que según él generó mayor desequilibrio, mayor pobreza y mayor heterogeneidad estructural.

Prebisch, a través de la CEPAL se encargó de aplicar y transponer mecánicamente modelos europeos o americanos de desarrollo, lo que se llamó el capitalismo imitativo o la internacionalización del mercado interno (Cardoso y Falletto) que obviamente fracasó porqué como bien reza la famosa frase “la historia no se repite”.

Es importante ver como el imperialismo es una fase superior del capitalismo (Lenin). No es un capitalismo nativo el de América Latina, sino que viene impuesto desde fuera, no sólo con las directrices del Banco Mundial, FMI, BID, CEPAL… sino con los monopolios, con la fusión del capital bancario con el industrial, con las patentes, con las empresas transnacionales… Estas últimas hacen según Prebisch la función de internacionalizar el consumo.

Los párrafos anteriores si bien se salen un poco de la línea de Marini, sirven para analizar mejor su teoría del capitalismo dependiente que consistiría en la existencia de una estructura productiva basada en la sobreexplotación del obrero que a su vez determina la estructura de la circulación (la llamada espiral viciosa) escindida: por un lado una esfera destinada al consumo lujoso y por otro lado la del consumo obrero que va hacia el estancamiento. Ahí se produce la contradicción puesto en las democracias liberales, el consumo de las masas sería el motor de la industrialización que conlleva a la era del automóvil (Rostov). Contradicción puesto que el los países dependientes no ha ocurrido nada parecido. Pues tal es la naturaleza del subimperialismo. Al separarse el productor de los medios de producción, no sólo se crea al trabajador, sino que también se crea al consumidor. Si buscásemos la definición de economía clásica en la que el sistema genera su propia demanda no sería apta para América Latina.

Dicho de otro modo, en términos de Marini:

El sistema capitalista latinoamericano y la formación social basada en el modo capitalista, es un modo de producción importado que se basa en la plusvalía relativa en lugar de la absoluta.

El modelo desarrollista sólo ha llevado a mayor explotación y mayor desequilibrios estructurales.

Con palabras de Galeano sonaría así:

“El desarrollo es un viaje con más náufragos que navegantes”

Antonio Cañellas Capellá

Palma de Mallorca 25 de diciembre de 2005
Publicado por otromundoya @ 21:29  | Política
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